5 de abril de 2012

Días de lluvia.

Llueve. Otra vez vuelve a llover. Las gotas repiquetean contra la ventana entrecerrada de mi dormitorio. Gotas traviesas que resbalan a lo largo del cristal para acabar en el suelo formando charcos. Adoro los días de lluvia. Me gusta salir desprotegida, dejar el paragüas en casa y mojarme. Sin duda creo que mis mejores textos los he creado en días como hoy, paseando bajo la lluvia por una calle cualquiera de mi ciudad. Adoro ponerme las botas de agua, esas de color marrón desagradable que sólo saco en ocasiones especiales, y salir a jugar afuera. Cuando llueve me vuelvo una niña: salto en los charcos, corro, grito, bailo...La felicidad me desborda en momentos como ese y no hay quien me pare.

Ahora graniza. El ruido se hace más intenso. Mi madre me pide que cierre las ventanas y, aunque me dé pena, le hago caso. Miro el magnífico espectáculo a través del gran ventanal del salón y odio estar metida en casa. Voy de un lado para otro. Quiero salir a la calle. Quiero beberme los pequeños copos de granizo, jugar a cogerlos con mis manos y volver a soltarlos. Sonreír. Mierda, ahora me brillan los ojos de la emoción.

Suena un trueno. Ahora sólo faltan los relámpagos. Vuelvo a aquellos días de tormenta en mi casa de la sierra cuando, de niña, mi abuelo me enseñó aquel juego. Suena otro trueno y cuento los segundos para ver el relámpago correspondiente y adivinar a cuantos kilómetros se encuentra la tormenta. Echo de menos esos días de confidencias y complicidad con mi abuelo, si llego a saber que acabarían tan pronto los habría disfrutado más, pero crecí demasiado rápido. El relámpago no llega y me decepciono, pero sigo absorta mirando la ventana y tecleando inconscientemente en el portatil. Aún recuerdo aquellos días de tormenta.

Parece que el granizo nos quiere dar una tregua. Voy a aprovechar ahora que mi madre está distraida para ponerme el chubasquero y las botas de agua. Compruebo los bolsillos: reproductor, cascos, llaves de casa. móvil...¡Perfecto! Lo llevo todo. Salgo a hurtadillas de mi cuarto y me dirigo a la calle. Voy a disfrutar una vez más de uno de esos días que mucha gente odia y yo adoro. Que pena que no sea Martes...

3 comentarios:

  1. Lluvia. La palabra sola de por si, ya es bonita...A mí también me inspiran los días de lluvia, adoro escribir con su sonido de fondo.

    Un besote!

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  2. Lindo post. Qué pena que en Lima solo caiga garúa. Cuando he viajado a los Andes y he visto una lluvia torrencial, he sonreído. Me lo has recordado. Gracias.

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  3. Pues si quieres lluvia vente para aquí, que de otra cosa no, pero de eso sobra ^^ Entrada preciosa, como siempre ^^

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