27 de abril de 2013

Puede...

A veces pienso que voy a romperme. Los días siguen pasando en el mes de Abril y yo siento que esas semanas que viví con él hace relativamente poco hubiesen sido hace mil años. Es extraño pero le echo de menos. Todos los días me obligo a seguir mi rutina: clases, estudio, gimnasio, para no tener tiempo de pensar en él pero su sonrisa aún sigue apareciéndoseme en los momentos que menos me lo espero. Me sobrecoge la idea de pensar que no voy a volver a despertarme en sus brazos en estos dos meses que me quedan en esta fría ciudad. Estoy triste. Después de todo lo que nos dijimos, después de todo lo que sentimos, parece que se ha abierto un abismo incluso más grande entre nosotros. Ya no hay risas, ni mensajes, ni ganas de vernos por su parte. Ya no hay ilusión, ni esperanza y, todas esas sorpresas que le preparé me miran como burlándose de mí en las estantería de mi dormitorio. ¡Qué cruel es la vida! O que estúpida soy yo. Qué estúpida he sido al pensar que esta vez sería diferente, que no sería una más de las mil en las que acabaría sintiéndome sola. Sola y desamparada en un mundo que parece que ya no es el mío.

Cojo aire. Miro la maleta y pienso que aquel cambio de aires, aunque sea por una semana me puede hacer bien. Pero estoy sentada en el borde de mi cama escuchando Daughtry en el reproductor y eso no ayuda. Mis amigos me han escrito al teléfono pero no tengo ganas de ver a nadie. Estoy apática y no me apetece hacer planes o fingir que estoy bien cuando no lo estoy. Quiero estar sola y ellos no lo entienden. Puede que sea porque no les he contado que en realidad mis días de este segundo cuatrimestre habían comenzado a contar desde aquellos tres días en casa de él, y que ya no quería seguir con esto si no lo tenía a él. Me mirarían extrañados. Me dirían que debo avanzar y las cosas seguirían como siempre.

Ya no sé qué pensar. Ni siquiera sé si después de estos días alejada de todo voy a querer regresar. Antes sentía esta ciudad como mi casa, al menos como la segunda de ellas. Nunca había sentido que me faltaba algo hasta que apareció él y cambió las cosas. Y ahora se había ido...Pero tampoco puedo volver a mi vida antes del Erasmus porque siento que tampoco es mi vida. Echo de menos a mi familia pero no quiero volver, tampoco quedarme aquí. Ya tengo otra vez en mi mente el pensamiento de huir, de abandonar, de marcharme lejos, desaparecer y que nadie me busque. Necesito que la gente deje de esperar cosas de mí. Necesito su sonrisa o simplemente la manera de volver a sentirme como antes de que fuéramos más que amigos.

Pero parece ser que el problema es que el mundo cambia, la gente cambia y yo no. Estoy entre la espada y la pared y no consigo encontrar la manera de soltarme. Me siento perdida, sin metas ni objetivos. Me siento como si me hubieran arrancado de raíz las ganas de vivir, la personalidad alegre que siempre me había caracterizado. Necesito salir de aquí. Necesito conseguir olvidarme de él o no extrañarlo tanto. Necesito cerrar la maleta y sencillamente desaparecer una semana. Puede que las cosas vayan mejor. Puede que me ayude a sentirme menos desdichada y encuentre mis ganas de continuar. Puede...

22 de abril de 2013

The Words

A veces, simplemente, no hay manera de volver atrás. A veces son los caminos los que se rompen y separan a las personas. A veces son las personas las que cierran las puertas con cerrojo y arrojan la llave a un lugar en el que jamás volver a buscarla. Y a veces, sólo a veces, es una palabra. Una palabra mal dicha en un contexto poco adecuado. O una palabra que nunca se dijo o nunca se escribió. A veces essa palabra que podría haber movido mundos, rompe realidades. Esa palabra que unida a otras puede hacer feliz a alguien o relegarlo al pozo de la soledad. Y es que las palabras son demasiado poderosas y dañinas. Las palabras en bocas equivocadas desencadenan guerras, provocan desastres, hacen nacer miedos...
Pero no sabemos vivir sin palabras.Siempre nos han hecho creer que lo que no se dice o no se escribe no se siente. Necesitamos ver un ''te quiero'' escritou oído de los labios de una persona para sentir que es verdad, porque si no pensamos que los sentimientos no son sinceros.

Lo que olvidamos, lo que la sociedad no nos dice es que, a veces (casi la mayor parte de ellas), valen más los actos. Vale más lo que una persona pueda demostrar que lo que pueda decir o escribir. Porque las palabras se contar verdades a medias, para poder mentirnos entre nosotros. En cambio los gestos, las accionesno tienen esa cualidad. No nos obligamos a demostrarle a alguien que nos importa si no es así. No nos podemos obligar a estar con alguien si en realidad no nos sentimos a gusto.

Pero vivimos en la sociedad de las palabras. Una sociedad empobrecida que ha olvidado sus tiempos mejores. Una sociedad en la que no se es feliz sin palabras y eso es algo muy triste. Es triste porque las palabras sin actos que las acompañen no valen nada. Porque a veces se dice más con un gesto que con una palabra. Y porque las palabras son las que nos impiden volver atrás. Porque las palabras una vez dichasno pueden retirarse. Y porque las palabras rompen caminos y cierran y roban llaves. Porque necesitamos una sociedad diferente y nos necesitamos entre nosotros. No debemos dejar qeu las palabras definan nuestro actos. Convirtamos nuestra sociedad, en la sociedad de los gestos, de las demostraciones. Menos palabras y más actos, eso es lo que necesitamos.

20 de abril de 2013

Felicidad: utopías no tan utópicas



Despertarte una mañana pensando que eres la persona más afortunada del mundo. Tu sonrisa se ensancha al pensar en cada recodo de su cuerpo. Tu corazón arranca a mil por hora cuando piensas en cómo te abraza. Y entonces no importa, no importa si las cosas no son al cien por cien como siempre habías creído. No importa que llueva. No importa que otros sigan intentándolo. Ya no importa porque todo lo que haces te conduce a él, porque tus instantes no son nada sin tenerlo en la mente, sin morirte de ganas de tenerlo, de abrazarlo.

Es esa sensación cuando se te acerca un chico e intenta algo contigo. Esa sensación de poder decirle, orgullosa, que has encontrado una persona que te  ha hecho sacar la ficha del tablero de juego, una persona que cuando sonríe ilumina el mundo, una persona que sabe cómo hacerte sentir especial aunque sea a su manera y, sobre todo, una persona pasional, que se implica, que nunca se rinde y a la que te encanta observar desde el sofá de su casa.

Ya no es tiempo de preocuparse de ''para siempres'' que nunca salieron bien. Ya no es tiempo de lamentarse por las esquinas. Ya no es tiempo de infravalorarse o de cerrarse a querer. Porque cuando lo miras sabes que no importa cuando dure, que lo que importa es el hoy, es las horas que pasas a tu lado, las veces que te hace reír, su capacidad para hacerte sentir segura a su lado. Y es que cada despertar a su lado es diferente, cada minuto a su lado consigue sorprenderte y es que, como él dice siempre, su hueco del hombro está hecho para que yo encaje en él.

¿Cómo queréis que así no me derrita? En serio, hay personas mágicas, especiales, únicas, increíbles y, más allá de todo eso está Él, porque me cuenta encontrar las palabras para explicar lo que me hace sentir y la increíble personalidad que tiene. Es sin duda una persona mágica, especial, única e increíble pero también mucho más. Es una persona por la que querer, por la que arriesgar. Es una persona que ilumina vidas y alegra la mía. Y, aunque la felicidad sea algo utópico en esta época que vivimos, creo que puede hacerme feliz, mucho.

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