30 de octubre de 2011

Todo cambia, dijiste.

Cuando te miro y sé que todo se acaba. Cuando sé que es el último beso, la última mirada, el último segundo a tu lado antes de que todo cambie. Una lágrima traviesa resbala por mi rostro y yo trato de cubrirla para que no me vuelvas a ver llorar.

Entonces lo haces, das un paso más y te subes a ese tren. Cuento uno, dos, tres y te giras para mirarme por última vez sabiendo que, la próxima vez que nos veamos, seremos completamente diferentes. Sabiendo que entre tú y yo nada volverá a ser lo mismo.

Y entonces lo hago, te grito que TE QUIERO porque, ¡qué más da!, de perdidos al río. ¿Y qué pasa si te quiero? ¿Tiene que ser por fuerza algo malo? Pues no, es algo que siento y punto, sin explicaciones o complicadas reglas de tres.

Te giras cuando las puertas se están cerrando para sonreírme y entonces...último recuerdo, ver como las puertas terminan de cerrarse y arranca. Entonces te veo marchar mientras no aparto la mirada de ese tren hasta que desaparece de mi vista llevándote a ti con él.

Y después.... instantes de silencio 

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