19 de enero de 2012

Lo que una vez fue todo...

Era la razón de mi existencia. La razón por la que me levantaba cada mañana. Su mirada y su compañía el motivo de mi sonrisa. Era siempre el último pensamiento que pasaba por mi mente antes de dormirme y mi refugio en los momentos de oleada emocional.

Era perfecto, sincero,coherente. Era alguien distinto al resto de personas que había conocido hasta ese momento. Era especial, especial a su manera. Y tenía un don, ese que me hacía sentir reconfortada cuando hablaba con él, cuando pensaba en él, cuando estaba con él...

Me mostró una visión totalmente distinta del mundo, me enseñó a imaginar hasta lo inimaginable, me hizo ilusionarme, me demostró que el amor es lo único que se necesita para ser feliz.

Confió en mis posibilidades incluso cuando yo no lo hacía, cuando yo me negaba a ver más allá de la oscuridad. Me demostró qué era lo verdaderamente importante y qué cosas no valían la pena. Me dio esperanza y ganas de vivir. Fue mi mejor amigo, mi compañero de bromas, mi consejero, mi pareja, el chico que me hizo perder la cabeza y la mejor persona que jamás llegaré a conocer.

Me enseñó también que la perfección se encuentra en no ser perfecto, que lo que realmente vale son los pequeños detalles y que un acto, por muy desesperado e incoherente que sea, significa muchísimo más que todas las promesas del mundo.

Estar a su lado, compartir mi vida con él fue sin duda una de las mejores experiencias de mi vida. Fue como una brisa en pleno mes de Agosto, como una gota de lluvia resbalando por mi cara en un día nublado, fue...Fue mi todo durante más tiempo del que puedo llegar a imaginar.

Amé cada recodo de su mente, cada centímetro de su cuerpo, cada locura, cada silencio, cada imperfección y cada sonrisa que veía en su rostro. Me enamoré como nunca más he vuelto a hacerlo. Le regalé mi vida sin preguntarle nunca si aquello saldría bien o nos chocaríamos contra un muro. Aguanté tempestades, idas y venidas, miedo, angustia y todo porque lo amaba, lo amaba por encima de cualquier cosa que hubiera podido llegar a querer o poseer.

Pero un día me desperté y ya no estábamos juntos. Se esfumó, desapareció y nunca más volvió a mi vida. Su recuerdo golpeo todo mi mundo y destruyó por completo mi realidad. Me dejó echa polvo, dolorida y sin futuro. Me negó la vida que durante todo el tiempo juntos me había prometido. No dijo adiós. No pidió perdón. No preguntó si estaría bien. No, sencillamente desapareció una mañana de finales de verano y nunca más regresó.


2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. A veces las historias de amor más bonitas no tienen un final feliz pero, a.veces, los recuerdos son tan buenos que consiguen borrar todo lo malo...

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