18 de diciembre de 2011

Desgranando palabras muertas...

Haz retumbar las paredes de este cuarto sin ventanas. Derrumba los muros que nos separan y juguemos a quemarnos a fuego lento. Eres como una espiral de infinita oscuridad: me atraes, me alejas,  me retienes y te conviertes en mi vicio, algo que no puedo ni quiero evitar. Eres como una auténtica droga para mí y es que, cuanto más te tengo, más te necesito, más necesito seguirme tirando desde precipicios a tu lado.

Dame de tus besos prohibidos el fruto, de tus noches la locura incansable y de tu cuerpo la pasión y el contacto, que en noches como hoy, anhelo en los rincones de mi colchón desgastado de sentimientos. Haz que brote esa inspiración que sólo me ataca en las noches en las que sé que no te tengo y estoy a un paso de volver a perderte.

Hazme tiritar. Hazme enloquecer. Sé mi montaña rusa pero...NO ME DEJES. Si quieres matarte, si crees que esa es la única forma de escapar, si quieres dejarme a solas con el silencio de tu ausencia, hazlo; pero no voy a rendirme sin luchar, no quiero dejar de estar ahí para desdibujar tus miedos, para aclarar tus dudas y para abrazarte en las noches frías de invierno.

Pero tengo miedo, de ese tipo de miedo que se te agarra a las entrañas y te desgarra poco a poco por dentro. Ojalá lo vieras, ojalá yo pudiera ser tu vía de escape en vez de ese sucio vaso de whisky desgastado que te hace compañía todas las noches. Y las lágrimas empañan mi mirada y no puedo escapar de este asfixiante cuarto sin ventanas.

Tengo una idea. Rompamos con todo y comencemos de nuevo. Lejos de nuestros mundos tan dispares, lejos pero juntos. Yo estoy cansada de ser la chica buena que todo lo hace bien y tú el chico malo de todas las historias, podemos ser diferentes si tú quieres, si tú me quieres

Pero te miro una vez más y has tomado ese maldito camino, has decidido consumirte, acabar poco a poco con esos sueños que fuimos guardando en mi colchón cada noche compartida. Y entonces me alejo, la ira me hace arrancar las hojas de este cuaderno en el cual quería escribir nuestra historia, hojas plasmadas, ahora, de incesantes anhelos. No hay marcha atrás, ya no queda nada más que el ronco sonido del vaso al caer al suelo y llevarte a ti con él. 

Un nuevo adiós, otro compás y el mundo deja de girar...


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