12 de noviembre de 2011

  Ver caer las hojas de otro otoño en la ciudad...

Camina despacio y cabizbaja por una calle desierta. Hace frío. Se ajusta un poco más la chaqueta de cuero y sube la cremallera hasta arriba del todo para evitar coger un resfriado (aunque al final lo acabará cogiendo igualmente).

Sigue caminando con la misma canción sonando el reproductor de MP3 e, inconscientemente, termina tarareándola, es lo que tiene saberse las canciones de memoria. Piensa en un millón de cosas y en ninguna a la vez. Ha salido a dar una vuelta para ver si el frío le despejaba las ideas. No quería pensar en nada ni en nadie, sólo quería  tener la mente en blanco.

Otro flasback, otro recuerdo, otro lugar...No quería recordar así que cambió de canción, rebajó el paso y se encendió un cigarrillo. Detestaba fumar pero aquello la relajaba. Así que decidió disfrutar del regusto amargo que le dejaba en la boca mientras reemprendía el camino de regreso a casa. 3 de la madrugada, ¡lo que la faltaba! Como sus padres estuvieran despiertos le iba a caer una bronca, (bueno, no sería la primera).

Mañana sería otro día se dijo. Entonces apagó el cigarrillo, se metió un chicle en la boca y entró en el portal no sin antes retocarse para que su madre no se diera cuenta de que había estado llorando. No quería tener que dar más explicaciones, una vez ya era más que suficiente.

Entró sigilosa en la casa, se deslizó sin hacer ruido por el largo pasillo que conducía a su habitación, se puso el pijama y se refugió bajo el edredón de plumas. Entonces Morfeo vino en su búsqueda y se quedó dormida. 

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